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Se multiplican los casos de niños alérgicos
«Entre el 15 y el 20% de la población infantil padece algún tipo», según los especialistas Además de al polen y al polvo, son cada vez más sensibles a alimentos. ITSASO ÁLVAREZ/
El Diario Montañes
Es una maravilla de la naturaleza... y una fuente de conflictos. El polen, que complica la vida a uno de cada seis habitantes del planeta y a más de seis millones de españoles. A cada vez más jóvenes y, sobre todo, a cada vez más niños. «Cuando antes se daba sólo en adolescentes, ahora nos encontramos con más frecuencia a niños de tres años con asma estacional, de febrero a junio», la época con mayor concentración de polen, explica Ignacio Antépara, jefe del Servicio de Alergología del hospital de Basurto, en Bilbao. Y como con la del polen, está sucediendo con otras alergias. Cada vez las consultas se llenan más de pacientes que, a edades tempranas, estornudan una y otra vez por las partículas de polvo doméstico; se les inflama la boca o sufren de diarrea cada vez que mascan nueces, cacahuetes, gambas, huevos, leche, kiwi, melocotón, alimentos todos ellos ricos en unas proteínas llamadas profilinas; son insensibles frente a la sequedad del ambiente y el calor; acarician a un gato y de inmediato tienen una mancha roja en la piel; o padecen un picor intenso cuando tocan unas tijeras de níquel o un objeto de látex. Leche de vacaAlérgicos, en una palabra. «Entre el 15 y el 20% de la población infantil», cifra Anunciación Martín Mateos, pediatra del Servicio de Inmunología y Alergia Pediátrica del Hospital Clínico de Barcelona. «Sólo la incidencia de la leche de vaca, que se dejaba notar en uno, acaso dos niños, de cada cien, afecta hoy en día a diez de cada cien», añade la especialista. El clima, que parece tener la culpa de todos los males últimamente, de nuevo parece ser determinante en estos casos; las temperaturas altas hacen aumentar la polución atmosférica, y con ello, las partículas dañinas en el aire. Además, los cambios meteorológicos hacen que aparezcan nuevos tipos de pólenes. En segundo lugar está «el propio hacinamiento de las ciudades», que facilita la aparición de los síntomas. Francisco Feo, miembro del comité de Aerobiología de la Sociedad Española de Alergología, explica que «el ozono, el óxido de nitrógeno y las partículas de diesel muestran una clara relación con la respuesta alérgica».Otro desencadenante más es la genética; existe una predisposición hereditaria. Un niño cuyos padres son alérgicos tiene «un 60%» de posibilidades de desarrollar algún tipo de sensibilización, aunque no necesariamente hacia la misma sustancia que rechazan sus progenitores. Y, como última explicación a la multiplicación de casos entre los pequeños de la casa, Hugo Neffen, presidente de la Asociación Internacional de Asmología Interasma, alude a la denominada 'teoría de la higiene', una de esas curiosidades que uno se encuentra al indagar en un asunto. La cada vez más generalizada vacunación de los niños hace que el sistema inmune no contacte con las bacterias con que contactaba antes, cuando no había tantos cuidados médicos, y por eso éste no se desarrolla de forma natural. «El precio que paga la civilización por controlar las infecciones no contagiosas», describe Neffen. Ignacio Antépara es aún más esclarecedor: «El sistema inmunitario tiene varias fases. Si disminuyes unas, otras empiezan a trabajar más. Un estudio demostró que cuando los niños pasan el sarampión son más alérgicos que los que se vacunan para no pasarlo», explica.
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